Pero aún espero tu espalda caliente para apoyar la mía y poder dormir cuando llega la noche.
Y ahora son otras mujeres, madre, y el deseo es otro, pero las abrazo por la espalda, pegado a ellas, en la cama, sin darles tregua. Qué sientan mi aliento y mis labios en su nuca, mi mano en su cadera. A ti apenas te buscaba, y lo echa de menos, mi espalda.
Y las aprieto, las estrecho con fuerza para que las riegue el pálpito de mi pecho latiendo en su carne, como tú regabas rosas y orquídeas.
Tanto amor que no sé devolverte, derramado en ellas.

0 comments:
Post a Comment