En una bolsa de basura azul, de las que ya no se utilizan porque nos valen las del súper, a mi lado, en esta casa que estoy apunto de abandonar, están los últimos apuntes de la carrera que he decido meter en el contenedor azul de sólo papel y cartón.
Azul, Rubén, como el contenedor, la bolsa.
Dan ganas de llorar, y lloro estas comas, fin de la edad de las nueces.
Maldita náusea, la vida, maldito asco.
Hasta aquí ha sido vivir, descubrir, amar, esperar, creer, soñar. Y sobre todo gozar, gozar con ellas. Y hoy las veo partir conmigo a un contenedor de reciclaje.
Ya no vale soñar, jugar, experimentar. Ya no quedan nueces junto al café.
Coma, coma, coma.
Sólo queda tiempo para pasar horas vacías, pagar facturas, comprar viajes organizados, cumplir con hacienda; sobrevivir, porque
No es verdad, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más clara la luna brilla
y se respira mejor.
Y yo, que soy un niño que sólo quiere jugar... Vosotras: Matemáticas, Poesía. Lo demás es falso.
Y creo, con León, que es el llanto la luz.
Me dan unas ganas inmensas de que comience la Fórmula 1 y dejar este texto y dejar mi vida y ver a Fernando Alonso adelantar a Schumacher y a Massa en la salida y girar con él y ganar la carrera. Tú no frenes, Fernando. Pisa a fondo. No te achantes, Fernando, no dudes, Fernando. Conduce hasta la victoria, Fernando.
Pero hay que seguir viviendo.
