Monday, October 23, 2006

CAPÍTULO 15 Muros de contención

Como aquella vez que el tapón del gel iba a la bañera y vertía el agua por todas las partes de tu cuerpo. No sabías aún de las técnicas que se emplean en la lucha contra el fuego, ni podías imaginar que tu cuerpo pudiése padecer un incendio y seguir vivo o avivarse.
De hecho, fue en aquella ocasión la primera en que sentiste cosquillas sin que unas manos diferentes a las tuyas te cercasen. Y llevaste tus manos y sentiste placer.
Pero a veces el placer termina en miedo, y encuentras un animal herido dentro de ti que quiere gritar y detenerte. Y su grito te horroriza y petrifica.
Aunque llega un momento en que el horror te somete para siempre si no lo enfrentas. Y decides matarlo o matarte, que no merece la pena vivir permanentemente atado a él, y que seguro que la muerte no es para morirse.
Y lo enfrentas y vences, porque sigues aquí, y oyes una dulce voz dentro de ti que celebra tu atrevimiento. Y años más tarde, a un personaje de Woody Allen defenderlo como una de sus aficiones con la que no consiente que se metan.