Jesús Malia,
el poeta.
Nunca fue fácil ser yo: el único en no caer de mi BH utilizando el freno delantero, entre los niños del barrio, con la misma habilidad, perdí el bote de Cola-Cao que mi hermano Abelardo había ganado de canicas.
Y sobre todo, este vacío que siente uno cuando escribe. Vacío y náusea por un grotesco desnudo irrenunciable.
