Tuesday, August 29, 2006

CAPÍTULO 5 Dulcinea

Recuerdo tu culo por encima de todo,
y delante de mí;
y la experiencia
inenarrable
de tenerte encima,
cabalgándome;
y los versos que zurces
al bailar sobre mí;
y el ardor de tu pecho
que se frota en el mío,
como piedra en la piedra,
hasta que hacen el fuego.

No quiero contar mi relación con tus pezones,
que tanta atención me reclaman,
ni mi gran fijación por la araña tatuada
que tienes en el trasero
y que me haría acordarme de Óscar Aguado,
la Tarántula,
en un mal momento.

Ahora,
que nadie me pregunte por tus ojos.
Sí, tu boca. Y tu voz:
“¡Vete dentro!
¡Vete dentro!”.

Y te llevo tan pegada a mí
como algunos la hora,
aunque un día después nos cambiemos de acera
por la calle.