Yo fui el mar.
Otro pez, un alevín, era.
Subir a su cresta y dejarme derivar hasta la orilla,
arrastrando mi cuerpo,
rozando con el pecho
hasta el último hilo
más tenue
de agua.
Allí donde el sol reside
hecho arena.
Y volver a subir
a lo más alto,
y volver a caer
a lo más hondo,
y volver a reir
hecho sal
y caricia.
